Crónica de un
Sorteo: Entre Santidades, Demonios y Tiesura Extrema
Diciembre es esa época
del año que parece un cruce entre un anuncio de turrón lacrimógeno y una
mudanza masiva. Días de encuentros, despedidas, abrazos de "cuánto has
crecido" y maletas que pesan más que la conciencia de un político. El
pasado día 21 me tocó la honorable misión de ejercer de comité de recepción en
la estación de Renfe de Málaga. El ambiente era el propio: un hormiguero
humano con olor a castañas asadas y el hilo musical de fondo amenazando con el "All I Want for Christmas Is
You".
Pero, como la realidad
siempre supera a la ficción (y a veces la atropella), surgió la sorpresa. Entre
el gentío, vi un revuelo digno de una visita de Estado. Y no era para menos: ¡me
pareció ver al mismísimo Papa Francisco! Pensé: "Oye, Su Santidad
también tiene derecho a disfrutar del 'pescaíto' frito y de la luz de la Costa
del Sol, que en el Vaticano debe de haber mucha humedad".
Sin embargo, la
teología se me vino abajo cuando, a pocos metros del Pontífice, apareció Satanás.
Sí, con sus cuernos reglamentarios, un tridente que pinchaba solo de mirarlo y
una cara de no haber dormido desde la caída del Imperio Romano. Al acercarme,
el milagro se desvaneció: no eran el Cielo y el Infierno, sino mi amigo Federico
y su señora, Felipondia.
Resulta que la pareja
se iba para Madrid, no a una convención de exorcistas, sino al Teatro Real
para ver el Sorteo de Navidad en directo. Se ve que para que te toque el Gordo
hay que ir camuflado, no sea que la suerte te reconozca y se asuste.
El 22: El
Teatro Real o el Casting de Star Wars
Llegó el día 22. Yo,
como todo hijo de vecino, puse la tele con la esperanza de que los niños de San
Ildefonso me solucionaran la hipoteca. Pero más que un sorteo, aquello parecía
el Carnaval de Cádiz en versión solemne.
En la pantalla no
había un Papa, ¡había una docena! Y entre bola y bola, desfilaba todo el
universo cinematográfico: desde Darth Vader comprobando su décimo hasta
personajes de Star Wars (que para el caso es lo mismo, pero con más
sables láser). Sinceramente, creo que Loterías y Apuestas del Estado debería
dejarse de protocolos y montar directamente una chirigota.
La Diosa
Fortuna y el "Bajío" Colectivo
En la mitología
romana, Fortuna es la diosa de la suerte, pero ese día debió de quedarse
atrapada en un atasco en la M-30. Está claro que la señora no tiene buen
"fario", porque por mucho que Federico y Felipondia invocaran a los
astros, allí no cayó ni una pedrea para pagar el café.
Mis pobres amigos se
pasaron la noche a la intemperie, aguantando un frío que habría hecho tiritar a
un pingüino en el Ártico, alimentándose a base de bocadillos de mortadela y
vasitos de café aguado que sabían a rayos. Cuando abrieron el Teatro Real,
entraron con toda la ilusión del mundo, pero salieron de vuelta a Málaga tan
tiesos como una mojama. Ni Papa, ni demonio, ni niño de San Ildefonso; lo
único que trajeron fue una ojera que les llegaba al ombligo.
"La
suerte no es para quien la busca, sino para el que se la encuentra" (y
normalmente, el que se la encuentra no lleva un tridente en la mano).
Próxima
estación: El Niño
Pero no se vayan
todavía, ¡aún hay más! Tras el fracaso del sorteo navideño, llega la Lotería
del Niño. Aquí los disfraces ya no sirven (gracias a Dios, porque Federico
ya no cabía en el traje de Lucifer). Ahora empieza la verdadera peregrinación
mística por las administraciones.
Estamos en esa fase de
locura colectiva buscando el número mágico:
- Que si la matrícula del coche (aunque el coche esté en el
desguace).
- Que si la fecha del aniversario de bodas (como si el día que te
casaste fuera garantía de éxito financiero).
- Que si el número que soñó la tía abuela después de cenar fabada.
Dedicatoria para mis grandes
amigos Federico y Felipondia
"Queridos
Federico y Felipondia: Vuestra fe mueve montañas, pero vuestra resistencia al
frío mueve glaciares. Después de veros de esa guisa en el Teatro Real, solo
podemos decir que si la suerte fuera justa, os habría dado el Gordo, el segundo
y hasta el reintegro. Pero no sufráis, que si en 'El Niño' tampoco hay suerte,
siempre nos quedará el Carnaval de Cádiz, donde vuestro disfraz de Papa y
Satanás será, por fin, comprendido y premiado con una buena ración de
tortillitas de camarones. ¡A seguir buscando la matrícula del coche,
campeones!"
En fin, que si no nos
toca, al menos que nos quede la salud... ¡y el buen humor para disfrazarnos de
nuevo el año que viene!
Pepe Aguilar y
que el año
2026 nos traiga
algo güeno.
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