domingo, 4 de enero de 2026

 

¡Socorro,  me  persigue  un  tetrabrik!:        

              Crónicas de cuando el mundo funcionaba a mano ¡Que  tiempos!

Los que ya tenemos el carné de identidad color sepia (o los "senior", para que suene a ejecutivo), recordamos una época en la que el mundo no iba por Wi-Fi, sino a base de sudor y oficio. La tecnología le ha dado a estas profesiones una “muerte lenta”, como un bolero puesto a cámara lenta.

El Carbonero: Camuflaje "tiznao"

¿Os acordáis de las carbonerías? Entrábamos con un sigilo de ninja para no mancharnos, pero era imposible. Siendo chaval, te rozabas hasta con el aire y acababas pareciendo un extra de una película de mineros. Al llegar a casa, la bronca de tu madre era tan épica que el hollín se te caía del susto. ¡Eso era alta definición y no el 4K de ahora!

El Colchonero: El hombre que daba palos (con razón)

¿Y el colchonero? Ese artista que llegaba a casa, deshacía el colchón de lana y se liaba a varazos con ella para ahuecarla. Verlo trabajar era como ver un concierto de rock pero con mucho polvo. Hoy, si le das un varazo a un colchón de viscoelástica, el colchón ni se entera y tú acabas con una tendinitis.

El Afilador: El "DJ" del barrio

Luego estaba el afilador con su flauta de Pan (la armónica). Ese sonido hacía que todas las amas de casa bajaran con los cuchillos en alto, que parecía aquello una película de piratas. Hoy, el único que "afila" algo es el cuñado en Navidad con el jamón... y suele terminar en urgencias con tres puntos de sutura.

El Trapero: El precursor de Wallapop

No nos olvidemos del trapero. Iba con su carromato gritando aquello de "¡El trapero, oiga! ¡Trapos, hierros viejos!". Eran los reyes del reciclaje antes de que inventaran la palabra "sostenibilidad". Ahora, si quieres tirar un hierro, tienes que pedir cita previa en el punto limpio, rellenar tres formularios y hacer una genuflexión.

El Lechero vs. El Ingeniero del Tetrabrik

El lechero venía con sus cántaros de cinc, repartiendo salud recién ordeñada. Ahora la leche viene en un tetrabrik con un tapón que requiere un curso de ingeniería de la NASA. Si tiras muy fuerte, la leche sale disparada al techo; si tiras flojo, no sale nada. ¡Es una ruleta rusa láctea!

Operadoras vs. El Robot "Malaje"

¡Y las telefonistas! Aquellas señoras y  señoritas  con una voz tan dulce que te daban ganas de contarles tu vida. Hoy te contesta una voz metálica que parece un robot con resaca: "Diga con voz clara qué desea". Y tú gritas: "¡Hablar con alguien vivo!", pero el robot solo entiende "Facturación".

El Sereno: El Google Maps con llaves

El sereno era el vigilante, el confesor y el tipo que sabía quién llegaba tarde a casa. Ahora lo han cambiado por vigilantes jurados y cámaras de seguridad. Pero a ver qué cámara te abre el portal cuando vuelves de la feria con tres copas de más y has perdido hasta el juicio. ¡Eso solo lo hacía un sereno con su chuzo y su silbato!

El Apocalipsis de los Chips: ¿Pintores con puerto USB?

Lo gracioso es que hoy las empresas dicen que no encuentran profesionales. ¡Normal! Hemos pasado de "aprender un oficio" a "aprender a darle al botón". Me temo que los creadores de robots nos van a traer robots carpinteros, pintores y albañiles.

Ya me imagino al robot pintor: "Error de sistema. No puedo pintar la esquina porque no tengo cobertura Wi-Fi". Y mientras, la pared a medio terminar.

 Autobuses fantasma y coches silenciosos

Ya hay autobuses sin conductor y taxis autónomos. Yo, amigos, por si las moscas, sigo yendo por la acera y no cruzo hasta que le veo los ojos al conductor (y que no sean luces LED). Desconfío de una máquina que decide si frena o no basándose en un logaritmo. ¡Donde esté un conductor de toda la vida que te saluda con la mano, que se quite el silicio!

Reflexión final: Viva la tecnología, pero los cestos de mimbre que hacía Manuel el cestero o esos helados artesanos que te hacían llorar de alegría no los supera un robot ni aunque lo programen en el MIT.

Así que, amigos, disfrutemos de lo humano antes de que nos conviertan en un código de barras.

¡Un abrazo y feliz año para todos!   La  vida   sigue,  pero   NO  igual.

Pepe Aguilar

 

 

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