¡Socorro, me persigue un tetrabrik!:
Crónicas
de cuando el mundo funcionaba a mano ¡Que
tiempos!
Los
que ya tenemos el carné de identidad color sepia (o los "senior",
para que suene a ejecutivo), recordamos una época en la que el mundo no iba por
Wi-Fi, sino a base de sudor y oficio. La tecnología le ha dado a estas
profesiones una “muerte lenta”, como un bolero puesto a cámara lenta.
El
Carbonero: Camuflaje "tiznao"
¿Os
acordáis de las carbonerías? Entrábamos con un sigilo de ninja para no
mancharnos, pero era imposible. Siendo chaval, te rozabas hasta con el aire y
acababas pareciendo un extra de una película de mineros. Al llegar a casa, la
bronca de tu madre era tan épica que el hollín se te caía del susto. ¡Eso era
alta definición y no el 4K de ahora!
El
Colchonero: El hombre que daba palos (con razón)
¿Y
el colchonero? Ese artista que llegaba a casa, deshacía el colchón de
lana y se liaba a varazos con ella para ahuecarla. Verlo trabajar era como ver
un concierto de rock pero con mucho polvo. Hoy, si le das un varazo a un
colchón de viscoelástica, el colchón ni se entera y tú acabas con una
tendinitis.
El
Afilador: El "DJ" del barrio
Luego
estaba el afilador con su flauta de Pan (la armónica). Ese sonido hacía
que todas las amas de casa bajaran con los cuchillos en alto, que parecía
aquello una película de piratas. Hoy, el único que "afila" algo es el
cuñado en Navidad con el jamón... y suele terminar en urgencias con tres puntos
de sutura.
El
Trapero: El precursor de Wallapop
No
nos olvidemos del trapero. Iba con su carromato gritando aquello de "¡El
trapero, oiga! ¡Trapos, hierros viejos!". Eran los reyes del reciclaje
antes de que inventaran la palabra "sostenibilidad". Ahora, si
quieres tirar un hierro, tienes que pedir cita previa en el punto limpio,
rellenar tres formularios y hacer una genuflexión.
El
Lechero vs. El Ingeniero del Tetrabrik
El
lechero venía con sus cántaros de cinc, repartiendo salud recién
ordeñada. Ahora la leche viene en un tetrabrik con un tapón que requiere
un curso de ingeniería de la NASA. Si tiras muy fuerte, la leche sale disparada
al techo; si tiras flojo, no sale nada. ¡Es una ruleta rusa láctea!
Operadoras
vs. El Robot "Malaje"
¡Y
las telefonistas! Aquellas señoras y
señoritas con una voz tan dulce
que te daban ganas de contarles tu vida. Hoy te contesta una voz metálica que
parece un robot con resaca: "Diga con voz clara qué desea". Y
tú gritas: "¡Hablar con alguien vivo!", pero el robot solo entiende
"Facturación".
El
Sereno: El Google Maps con llaves
El
sereno era el vigilante, el confesor y el tipo que sabía quién llegaba
tarde a casa. Ahora lo han cambiado por vigilantes jurados y cámaras de
seguridad. Pero a ver qué cámara te abre el portal cuando vuelves de la feria
con tres copas de más y has perdido hasta el juicio. ¡Eso solo lo hacía un
sereno con su chuzo y su silbato!
El
Apocalipsis de los Chips: ¿Pintores con puerto USB?
Lo
gracioso es que hoy las empresas dicen que no encuentran profesionales.
¡Normal! Hemos pasado de "aprender un oficio" a "aprender a
darle al botón". Me temo que los creadores de robots nos van a traer robots
carpinteros, pintores y albañiles.
Ya
me imagino al robot pintor: "Error de sistema. No puedo pintar la
esquina porque no tengo cobertura Wi-Fi". Y mientras, la pared a medio
terminar.
Autobuses fantasma y coches silenciosos
Ya
hay autobuses sin conductor y taxis autónomos. Yo, amigos, por si las
moscas, sigo yendo por la acera y no cruzo hasta que le veo los ojos al
conductor (y que no sean luces LED). Desconfío de una máquina que decide si
frena o no basándose en un logaritmo. ¡Donde esté un conductor de toda la vida
que te saluda con la mano, que se quite el silicio!
Reflexión
final: Viva la tecnología, pero los cestos
de mimbre que hacía Manuel el cestero o esos helados artesanos que te
hacían llorar de alegría no los supera un robot ni aunque lo programen en el
MIT.
Así
que, amigos, disfrutemos de lo humano antes de que nos conviertan en un código
de barras.
¡Un
abrazo y feliz año para todos!
La vida sigue, pero
NO igual.
Pepe
Aguilar
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