La
Navidad, Papá Noel, Fin de
año y el remate
los Reyes Magos.
Crónica del Despelote Presupuestario
(y Montaje de Lego de Nivel Jedi)
Pues sí, queridos sobrevivientes del calendario: la Tierra ha
dado otra vuelta y nosotros seguimos aquí, con más canas, más facturas y más
excusas para evitar el gimnasio. En estos doce meses nos ha pasado de todo:
bodas que parecían finales de Champions, bautizos con más fotos que una boda
real y comuniones que terminaron a las tantas como si fueran festivales de
música. Y entre tanto jaleo, los momentos feos pasaron tan rápido que ni tiempo
tuvieron de quejarse. Directos al buzón de spam de la memoria.
Y ahora se acerca el primer combate de la temporada: Papá
Noel, ese señor barbudo que llegó de América (o de un VHS de los 70, según arqueólogos frikis) y que, por lo
hospitalarios que somos, se quedó aquí como si le hubieran prometido cocido
todos los domingos.
Junto a él, la estrella invitada: El Árbol de Navidad,
ese ser vegetal-plástico que pierde más ramas que yo paciencia con las luces.
El Dilema del Juguete de 300 Piezas (y tu cordura en juego)
Pero antes de que el gordito simpático toque el timbre, los
verdaderos héroes ya están en acción: papis y abuelos, esa élite
estratégica capaz de descifrar cartas infantiles escritas en dialecto marciano
y hacer magia con la cuenta del banco.
Resuelto el misterio del regalo —generalmente un armatoste
que exige un máster en ingeniería aeroespacial— llega el Día D. Los niños explotan de alegría…
y los abuelos, también, pero de otra cosa: terror.
Porque claro, abrir el paquete está muy bien, pero ¿quién
arma el castillo medieval con 300 piezas, 20 cartulinas, 3 manuales y un dibujo
que parece el plano del metro de Tokio? EXACTO: los abuelos.
Esa generación que ya montó muebles de verdad… pero no estas
cosas modernas que vienen con tornillos que parecen de cirugía.
Entre pieza
y pieza, el salón se convierte en zona de guerra:
• obstáculos de plástico,
• figuritas suicidas que caen al suelo,
• instrucciones que no vienen en cristiano.
Pero Papá Noel, que este año venía espléndido, ha regalado
sin mirar. Qué majo él. Qué poco piensa en los abuelos él.
La Cuesta de Enero ya no es cuesta. Es ESCALADA LIBRE
Superado el primer asalto, sin tiempo para hipotéticos
descansos, aparece la segunda ronda: Los Reyes Magos, también conocidos
como Los Tres de Oriente y su Ataque Final a tu Tarjeta de Crédito.
Porque esta vez no solo piden juguetes los niños:
¡Los mayores también!
Y tú, que ya ibas en números rojos, te encuentras regalando
bufandas, libros, calcetines antideslizantes y gadgets que nadie sabe para qué
sirven, pero que brillan, así que algo harán.
El resultado:
Enero ya no es cuesta.
Enero es una pared vertical, el Everest sin oxígeno, la etapa reina del
Tour… pero tú con chanclas.
Total, que entre el pavo, el jamón, los roscones, los
villancicos y el hambre voraz de los regalos, hemos caído, una vez más, en el Despelote
Presupuestario Anual™.
Pero ya lo tengo claro:
El año que viene me voy a las Islas Canarias.
Sí, señor.
Total, si voy a sufrir igual, por lo menos gano una hora de
sueño. Y quizá Papá Noel se despiste y no me encuentre.
¡Feliz Navidad y que la cuesta os sea tan leve como el turrón
blando!
Pepe Aguilar
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