El Misterio
del Apéndice Humano Portátil y la Épica Batalla por el Bolso Masculino
¡Hola, gentecilla
maravillosa!
Damas y caballeros,
niños y mascotas... Hablemos de esa cosa que va más pegada a nosotros que una
pegatina de la ITV: ¡El Bolso! O en su versión masculina: riñonera,
bandolera o el famoso (y polémico) "cosito" de llevar cosas.
Como bien sabéis, hay
una ley universal no escrita: si una mujer sale a la calle, puede olvidarse del
paraguas en pleno diluvio o incluso de las llaves de casa (¡para eso está el
marido!), pero JAMÁS, bajo ningún concepto, olvidará su bolso. Es su
centro de operaciones, su cápsula de supervivencia y, francamente, su apéndice
adjunto. El bolso femenino no es un accesorio; es una extensión de la persona,
un universo paralelo donde la lógica y el espacio-tiempo se han jubilado.
Y ni hablemos del
contenido... El bolso de señora no es un bolso; es la Caja de MacGyver en
versión de luxe. Dentro puede haber desde un kit de costura, un mini
taladro hasta el recibo del súper de 1998. Y sí, si necesitas un tornillo, una
tirita o la solución al calentamiento global, ella lo sacará de ahí. ¡Es magia
pura! ✨
La Odisea del
Varón y la Invención de la Riñonera
Pero la moda, que es
más caprichosa que un bebé con sueño, también ha mirado al varón. Durante
siglos, los hombres resolvimos todo con los bolsillos. ¡Y qué bolsillos!
Parecía que llevábamos el Airbag de emergencia incorporado, de lo
hinchados que iban con las llaves (de casa, del coche, del trastero), la
cartera (a reventar de tiques caducados) y, por supuesto, el tubo de Vicks
VapoRub y el pañuelo... ¡elementos esenciales de supervivencia!
Pero entonces, en un
arrebato de genialidad (o de masoquismo estético), alguien dijo: "¡Que
inventen la Riñonera!"
Ah, la riñonera...
Colocada estratégicamente en el cinturón, nos convertía automáticamente en cobradores
de autobús de los años 80 o en turistas despistados en Benidorm. No era la
cumbre de la elegancia, pero oye, liberaba esos pobres bolsillos de sufrir una
hernia.
De la Lona al
Cuero y el Asunto del Nombre Curioso .
Luego, la cosa se
sofisticó. Llegó el accesorio elegante, de lona o, ¡aleluya!, de cuero
auténtico. Un bolsito pequeño, discreto, ideal para llevar lo vital: las
llaves del coche (ahora con alarma), la cartera y quizás un chicle de menta.
¡Empezamos a fardar de bolsito Premium!
Y aquí viene el drama.
A este noble accesorio se le colgó el nombre de "Mariconera".
¡Vaya tela! Un nombre que surgió de la forma más desafortunada, asociando el
hecho de llevar algo colgando del hombro con una etiqueta homófoba y sin
sentido. Es la prueba de que en el mundo de la moda y los nombres populares, a
veces no hay quien entienda nada.
Menos mal que hoy,
afortunadamente, se le llama con respeto: Bandolera, Bolso de mano, o
simplemente "Ese que llevo yo y ya". Aunque con la correa
cruzada, ¡sí que parecemos un Forajido del Oeste a punto de desenfundar
el móvil en lugar de un revólver!
La Solución
Final (O la App en el Móvil)
Hoy en día,
con tanta App para todo, pronto no vamos a necesitar ni llaves ni
cartera. El móvil lo abre todo, lo paga todo, y solo le falta hacernos un café
con leche (¡pero tiempo al tiempo, que ya llegará!).
Pero, hasta que eso
pase, la vida nos lleva a tomar decisiones cruciales:
- Opción A (La inteligente): Compartir bolso con la señora/novia/amiga. Sí, protestará. Pero
cuando necesite dinero, no sé por qué, pero siempre acabará tirando de
la cartera TUYA que llevas dentro de SU bolso. (¡Es una
estrategia infalible!).
- Opción B (La de valientes): Asumir tu destino y llevar tu propio "cosito" colgante, sea
riñonera, bandolera o un neceser de leopardo.
Ya sabéis, amigos: Up
to you (como dicen los ingleses). (Ponte lo
que quieras) Lo importante es
tener dónde guardar el móvil... ¡que si no, no hay quien entre en casa!
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