La Gran Cena
de Empresa Navideña: Crónicas de Supervivencia y los ¡Pelotazos!
¡Por fin! Ha sido un
año tan agotador que la palabra "agotador" se queda cortísima.
Deberíamos inventar una nueva: "mega-agotador-nivel-apocalíptico".
Entre la sobrecarga de trabajo, la tensión que se cortaba con un cuchillo de
untar mantequilla y ese programa informático nuevo que nos hizo sentir hombres
y mujeres de las cavernas tecleando, ¡no hay quien opine lo contrario! Todo el
mundo anda con la misma cantinela: "Necesito vacaciones... y un
psiquiatra."
Pero, ¡alabado sea el
espíritu de la Navidad (y el departamento de Recursos Humanos)! La gran mayoría
de las empresas, reconociendo nuestro esfuerzo titánico por llegar a diciembre
sin un ataque de nervios, tienen el detalle (léase: "el
remordimiento") de organizarnos una fantástica cena de compañerismo en un
restaurante de buen porte o, en el caso de los hoteles, en los salones del
mismo. (¡Esperemos que sea un menú especial de verdad y no el menú infantil
camuflado con una aceituna extra!).
Otros, en un arrebato
de generosidad alcohólica o simple ostentación, tiran la casa por la
ventana: montan una cesta de Navidad que parece el Arca de Noé de los
embutidos, ¡e incluso sortean un viaje al extranjero! (Momento en el que
todos juramos que, de repente, nos cae bien el de contabilidad o incluso el
mismísimo jefazo, a ver si la suerte se contagia).
El
"Grinch" Navideño de la Oficina
Y aquí viene lo
divertido. Por una razón más difícil de explicar que el final de una película
de Christopher Nolan, pero que tiene su intríngulis, para algunos todo esto
es poco. ¡Es más, se sienten mosqueados!
- "El jamón no es muy bueno." (Dicho por alguien que solo come
lonchas envasadas que parecen de plástico).
- "La cesta deja mucho que desear." (Mientras se la llevan a
rastras porque pesa 10 kilos de puro lujo ibérico).
Sí, queridos, existen
los quejicas profesionales, los que siempre están descontentos y a los
que no se les puede llevar la contraria (porque sus argumentos son tan sólidos
como el flan). Y lo mejor: ¡sus críticas las hacen directamente durante la
cena! Justo cuando el jefe está brindando por la productividad que se
espera de nosotros el próximo año.
Como dice el refrán:
"De todo hay en la viña del Señor", y hasta tenemos que acordarnos de
aquellas empresas donde la situación económica ha sido malísima y sus empleados
no han podido disfrutar de tales agasajos (para ellos, un abrazo y que el
espíritu de la lotería les sonría doblemente).
El Sorteo y el
Aroma Inconfundible del Jamón "Curioso"
"Nunca llueve a
gusto de todos", ¡y menos en Navidad! Pero, ¡ay, la magia de las fiestas!
Los organizadores, unos verdaderos magos de la logística anti-drama, se
las ingenian para que la mayoría (¡o casi!) disfrute de esta jornada de desinhibición
pagada por la empresa.
Incluso ese compañero,
el ETERNO CONSPIRADOR, que pensó, por lo bajini y con cara de haber
pillado a Papá Noel robando galletas, que ese televisor de tantísimas pulgadas
le tocó al de al lado por alguna oscura razón cósmica que involucra a la
directiva y una logia secreta. No confía ni en las papeletas, ni en la mano
inocente de la becaria... ¡y seguramente tampoco en la ley de la gravedad si le
preguntas!
Pero, ¡bah! Con estos
aguafiestas profesionales nunca haremos un buen guiso... ¡ni una buena
resaca memorable! El resto, a lo nuestro: a disfrutar como si no hubiera un
mañana (o como si la empresa no pagara la luz), a seguir el fiestón y a brindar
una vez más (por si las moscas, y para asegurarnos de que el lunes será duro).
Y una última REFLEXIÓN
EXISTENCIAL que nos carcome el alma: ¿cómo demonios se quejaba del jamón si
ni siquiera lo había empezado? A ver, hay tres opciones:
- Opción A: Tenía un olfato
de perro sabueso adiestrado por la CIA y el olor le chivó que ese jamón
había viajado más que Willy Fog.
- Opción B: El mal rollito
de no ganar el televisor era tan intenso que le anestesió el gusto y le
avinagró el olfato.
- Opción C: Simplemente, ¡es
un QUEJICA PROFESIONAL de nacimiento!
¡Felices Fiestas, bandidos
y bandidas! Disfruten de la cena y de esa maravillosa cesta (que ojalá
tenga más jamón que el que protestó). Y si te tocó el pedazo de televisor
(¡felicidades, campeón!): ¡Adelante! Ni caso al envidioso que puso el grito en
el cielo, él siempre seguirá con su cantinela agria. ¡Ya lo conocéis, es su
'hobby' favorito!
Y la auténtica prueba
de fuego (la de los valientes): Cuando acabe la fiesta y, si te tocó el
mega televisor, ¿cómo demonios lo metes en tu coche? Bueno, esa es otra
historia. El reto real es encontrar a esa persona, bendita entre los
mortales, que no ha probado el gin-tonic y nos lo llevará a casa.
¡Hasta la próxima y
que tengáis una divertidísima y etílica Navidad!
No hay comentarios:
Publicar un comentario